DESMOND TUTU:...

En un mundo dividido por desigualdades en cuestión de riquezas y oportunidades, es fácil olvidar que somos parte de la comunidad humana.
Cuando vemos el anticipado impacto de los cambios climáticos registrados a través del mundo, cada uno de nosotros tiene que reflexionar sobre lo que significa ser parte de esta familia.

Quizás, el punto de partida es pensar cuidadosamente sobre lo inadecuado del lenguaje. La palabra «adaptación» se ha convertido en un estándar del vocabulario del cambio climático. Pero, que significa adaptación? La respuesta es diferente en las diferentes partes del mundo.
Para la mayoría de las personas en los países ricos, adaptación, ha sido hasta ahora, un proceso relativamente sin dolor.
Protegidos por el sistema de calentamiento y enfriamiento, ellos pueden adaptarse al tiempo extremo con el movimiento rápido de un termostato. Confrontados con la amenaza de inundaciones, los gobiernos pueden proteger a los residentes de Londres, Los Ángeles y Tokio con sistemas elaborados para defenderse de las complicaciones del clima.
En algunos países, el cambio del clima ha traído hasta efectos benignos, como prolongación del tiempo de cultivos para agricultores.

Ahora, considere lo que, adaptación significa para la gente más pobre y vulnerable del mundo. Las 2.6 mil millones de personas viviendo
con menos de US $2 por día. Como puede una pobre mujer campesina en Malawi adaptarse, cuando las sequías son más frecuentes y la falta de lluvia recorta la producción? A lo mejor, disminuyendo todavía aún más, la alimentación en su casa, o sacando a sus hijos de la escuela.
Como hace un morador de los barrios bajos, viviendo bajo un techo de plástico y lata corrugada en Manila o Port- au-Prince para adaptarse
a las amenazas de los intensos ciclones y como se supone que la gente viviendo en las deltas de Ganges y Mekong se adapten a las inundaciones de sus casas y tierras.

“Adaptación”, se está convirtiendo en un eufemismo para la injusticia social a escala global. Mientras los ciudadanos del mundo rico son protegidos
del daño; el pobre, el vulnerable y el hambriento son expuestos a la realidad áspera del cambio climático en su vida cotidiana.
Dicho sin rodeos, los pobres del mundo están siendo afectados por un problema que no fue creado por ellos. La huella del campesino Malawiano
o el morador del barrio bajo haitiano apenas se registra en la atmósfera de la Tierra.

Ninguna comunidad con sentido de justicia, compasión o respeto por los derechos básicos humanos debe aceptar el modelo existente de adaptación.
Dejando a los pobres hundirse o nadar con sus propios recursos pobres enfrentados a la amenaza del cambio climatico es moralmente erróneo.

Desfortunadamente, como lo demuestra muy claramente el reporte del dedesarollo humano, 2007/2008 lo mencionado es exactamente lo que está sucediendo. Vamos a la deriva hacia un mundo de apartheid de adaptación. Permitiendo que esa derivación continue sería ser corto de vista.
Por supuesto, los países ricos pueden usar sus vastos recursos financieros y tecnológicos para protegerse contra el cambio climático, al menos,
a corto plazo — que es uno de los privilegios de la riqueza. Pero, cuando el cambio climático destruya la forma de ganarse la vida, desplazando a la
gente y minando totalmente los sistemas sociales y económicos , ningún país, no importando que sea rico y poderoso — será inmune a las consecuencias.

A largo plazo, los problemas de los pobres llegarán a la puerta de los ricos, cuando la crisis climática ceda el paso a la desesperación, rabia y amenaza de la seguridad colectiva.

Nada de esto necesita suceder. Al final, la única solución del cambio climático es la mitigación urgente. Pero podemos – y tenemos – que trabajar juntos para asegurar que el cambio climático que vemos ahora, no dé marcha atrás al desarrollo humano. Por eso, es que le hago un llamado a
todos los lideres del mundo rico, que lleven la adaptación del cambio climático, al corazón de la agenda del orden del día de la pobreza internacional y que lo hagan ahora, antes de que sea demasiado tarde.

Desmond Tutu
Arzobispo Emeritus de Cape Town